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París

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Símbolo de Paris y de Francia, la Torre Eiffel ha conseguido un éxito que no habría imaginado nadie en el momento de su construcción en 1889. Acoge cada año a cerca de 7 millones de visitantes y se ha transformado, con el paso de las décadas, en un monumento ineludible.ents.

Icono de Paris e icono de Francia, la Torre Eiffel, gran « dama de hierro », domina la ciudad de la luz desde sus 324 metros. Emblema vertiginoso de la Revolución industrial en el corazón de Paris, atracción principal de la exposición universal de 1889, la Torre Eiffel no deja de rejuvenecer y olvida su edad. Engalanada de oro cuando cae la noche (desde el año 1985), centellea durante cinco minutos al principio de cada hora desde el paso al año 2000. Una vez más, una instalación provisional que se ha vuelto permanente. Con su silueta frágil, graciosa y vertiginosa, la Torre Eiffel iba a ser efímera cuando la construyó Gustave Eiffel, en 1889.
Plebiscitada por los visitantes… desde hace 120 años

Su destino fue muy diferente: no la destruyeron nunca, y fue salvada por su inmenso éxito entre el público durante las exposiciones universales de 1889 y 1900, y por las experiencias científicas que Eiffel apoyó. Después de una carrera dedicada únicamente a la radiofonía (primeras transmisiones radiofónicas, en 1898, o primera emisión de radio pública, en 1925) y a las telecomunicaciones (hasta la TNT), vio afluir a los turistas a partir de los años cincuenta, transformándose en el segundo lugar turístico de Francia después de los jardines del Castillo de Versalles. Desde entonces, su frecuentación crece constantemente. Hoy en día, de los 7 millones de visitantes anuales, 75 % son de origen extranjero y consideran a la Torre Eiffel como un paso obligado durante su estancia. Conviene decir que « la Dama de hierro » ostenta un lugar importante en cualquier reportaje sobre Paris. Es un decorado que ha inspirado numerosas películas, especialmente desde El Fin del Mundo de Abel Gance, en 1930. Desmesurada, lo tiene todo para encarnar a Paris, Francia, y el imaginario parisino.
Un monumento que se sale de las normas, rico en restaurantes y atracciones

La construcción de Gustave Eiffel es imponente. Con una altura de 303 m (sin antenas), pesa más de 10 000 toneladas y está constituida por 18 000 piezas metálicas ensambladas por 2 500 000 remaches. La han pintado unas veinte veces, e incluso la han aligerado de 1340 toneladas superfluas durante una gran campaña de renovación, en 1985. Para alcanzar las dos primeras plantas, hay que utilizar los ascensores, o subir por las escaleras – 704 escalones hasta la segunda planta. La ascensión ofrece una visita atípica del corazón de la estructura metálica de la Torre, con vistas únicas sobre la capital.

Le segunda planta permite admirar el Todo-Paris de los monumentos, la catedral Notre-Dame, el Louvre y su Pirámide, el Arco de triunfo e incluso, a lo lejos, el castillo de Versalles. Cada planta ofrece al visitante una amplia elección de pausas visuales, culturales o gustativas: recorrido « la Epopeya de la torre Eiffel » y Cineiffel en la primera planta para descubrir imágenes insólitas de la Torre, restaurante gastronómico Julio Verne en la segunda planta, reconstitución del despacho de Gustavo Eiffel y vertiginoso bar de champagnes en la cumbre… por la noche, desde la torre accesible hasta las 23 horas, la ciudad de la Luz se desvela, ofreciendo un espectáculo de luces vivas y coloreadas sobre fondo de noche estrellada.
120 años de inicios y de finales

Con el Champ-de-Mars, magnífico parque parisino que se extiende a sus pies, y del otro lado del Sena, la explanada del Trocadéro que ofrece una vista apoteósica sobre la Torre, la Dama Eiffel es, desde hace mucho tiempo, el teatro de alumbrados espectaculares y acontecimientos memorables: fuegos artificiales del 14 de julio, espectáculo pirotécnico del año 2000, Torre azul para la Presidencia francesa de la UE o multicolor para sus 120 años, instalaciones (una pista de patinaje, un jardín…). Desde su nacimiento, es fuente de inspiración para artistas, pintores (Bonnard, Vuillard, Dufy, Chagall…), cantantes y escritores. El pintor cubista Robert Delaunay (1885-1941) le dedicó una parte importante de su obra. En la Belle Époque, la cantante de cabaret Mistinguett se sorprendió de que siguiera ahí. El cantante Jacques Dutronc, en los años 70, se preocupó de que sus pies pasaran frío. Más que un monumento, se ha transformado en « el alma » de la ciudad de la luz, en el firmamento del Sena y del Cielo de Paris. « Edificio inútil e irremplazable, mundo familiar y símbolo heroico, testigo de un siglo y monumento siempre nuevo, objeto inimitable y constantemente reproducido… », decía Roland Barthes (La torre Eiffel, Delpirre éditeur, 1964).

Modificado por última vez enMiércoles, 29 Enero 2014 10:12
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