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Manzanares el Real
Asimismo, se admite la hipótesis de que los druidas irrumpen en Manzanares hacia el año 1000 a.C., quedando reminiscencias de ritos druidas en una fiesta religiosa de la localidad: la de la Virgen de Peña Sacra. Mucho después, en los años de la conquista de Roma, los pobladores del enclave entablaron guerras sin cuartel contra los invasores, quedando un asentamiento romano en Manzanares, vestigio de aquella civilización. Tras el período visigodo y de conquista árabe, el pueblo nace en 1248, tiempo en que muchos madrileños durante la Reconquista fueron a la toma de Sevilla y los segovianos repoblaron Manzanares, tal y como se desprende del testimonio que consta en una misiva expedida por Fernando III. Debido al asentamiento y expansión hacia el Sur de los segovianos en estas tierras, comienza en aquellos días una pugna entre éstos y los madrileños que se solventó, pasados los años, cuando Alfonso X incorporó estos lugares a la Corona, pasando entonces a denominarse “El Real de Manzanares”. Juan I cedió el territorio a D. Pedro González de Mendoza a fines del siglo XIV, siendo precisamente con la saga de los Mendoza cuando el Real de Manzanares vive su máximo esplendor, durante los siglos XV y XVI. Posteriormente, pasó por matrimonio a manos de otros miembros de la Nobleza, hasta que en el siglo XVIII regresa a los dominios de los Mendoza, a quienes Felipe V concedió la posesión perpetua. Por último, destacar que Manzanares es la cuna de la Autonomía Madrileña, siendo su Castillo el emplazamiento elegido en 1982 para la celebración del acto de constitución de la Asamblea de Parlamentarios de Madrid y para el nombramiento de la ponencia redactora del Estatuto de Autonomía. Las Instituciones Públicas y Privadas y, lo que es más importante, los vecinos de Manzanares, conscientes de su fortuna ante el enclave natural privilegiado y la herencia cultural de que disfrutan, han sido, son y serán siempre los perfectos anfitriones en la que es su casa, pero logran que uno sienta como suya. Después de cada estancia sólo resta una dulce nota de melancolía y la eterna pregunta interior: ¿Cuándo podré volver a Manzanares? |
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